Para asegurar un nivel de calidad de los aprendizajes de los conductores mediante la reflexión, toma de consciencia y autoevaluación, el formador cuenta con el marco pedagógico-didáctico de la Pirámide de George Miller (1990):
Sabe (Conocimiento): El fundamento teórico.
El conductor domina la teoría, la Ley Nacional de Tránsito 24.449 y la normativa específica del servicio.
Sabe cómo (Aplicación): La capacidad de relacionar la norma con la situación.
Capacidad de interpretar el sentido de la norma para aplicarla eficazmente en situaciones cotidianas.
Demuestra cómo (Habilidad): Pruebas en pista o simulador.
Mediante simuladores o pruebas en pista, el conductor evidencia sus destrezas en un entorno controlado antes de la práctica real.
Hace (Acción): El desempeño real y cotidiano.
La máxima evidencia de aptitud, aplicada de forma autónoma y ética en el desempeño diario. A modo de ejemplo:
Respeto por las paradas establecidas:
El conductor sostiene la norma frente a la presión de los usuarios que solicitan descender en lugares prohibidos, priorizando la seguridad del pasajero y la fluidez del tránsito.
Gestión del tiempo:
Ante retrasos por congestión, el profesional decide no comprometer la seguridad (evitando maniobras bruscas o excesos de velocidad), entendiendo que la vida es un valor jerárquicamente superior al cumplimiento de un horario.
Comprender el sentido y valor de la norma transforma la actitud del conductor. La regla deja de ser una imposición externa para convertirse en una convicción personal que garantiza la propia seguridad y la de terceros.
Durante el encuentro se trabajará con:
Exposición dialogada y análisis de casos reales:
Utilizar siniestros viales típicos o situaciones problemáticas de operación con vehículos de más de 20 plazas para debatir en clase.
Soporte audiovisual:
Proyección de esquemas de puntos ciegos, radios de giro y gráficos de transferencia de carga en frenada.
