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Contenidos
La conducción defensiva aplicada al transporte masivo de pasajeros
Factores físicos y mecánicos críticos en la conducción de unidades M3
Desarrollo de Contenidos
1.La conducción defensiva aplicada al transporte masivo de pasajeros
Se entiende por conducción defensiva al conjunto de hábitos y técnicas que permiten anticipar peligros al conducir en la vía pública, tendientes a evitar accidentes de tránsito, protegiendo tanto la vida del conductor como de su vehículo, carga que transporte y de terceros y todo aquello que le rodee.
Conducir un vehículo M3 (de más de veinte plazas), exige superar la visión normal del tránsito, adoptando un enfoque de conducción defensiva anticipativa. El conductor profesional no sólo debe cuidarse a sí mismo y a su unidad, sino que asume la responsabilidad directa sobre la integridad física de todos los pasajeros que viajan a bordo y que confían su vida a su idoneidad y decisión.
Dada la inercia presente en el desplazamiento del vehículo, el conductor deberá realizar una lectura de la totalidad del ambiente a su alrededor, extendiéndose mucho más allá del campo visual inmediato. De ser así podrá realizar una lectura adecuada y prever situaciones complejas (frenadas imprevistas o maniobras de terceros, situación en cruces urbanos, etc.), con una antelación tal que le permita lograr accionar los mecanismos de seguridad adecuadamente sin brusquedades, evitando así poner en riesgo al pasaje.
Por lo indicado, y a fin de lograr cumplir con la técnica de conducción defensiva, deben tenerse en cuenta:
Observación
Atender permanentemente la vía y todo aquello que en ella se encuentra. La Ley de Tránsito en el Art. 39 exige “… circular con cuidado y prevención, conservando en todo momento el dominio efectivo del vehículo o animal, teniendo en cuenta los riesgos propios de la circulación y demás circunstancias del tránsito”.
Anticipación
El conductor debe percibir situaciones de riesgo y destacar aquellas que podrían convertirse en peligrosas a fin de tener siempre una vía de escape, maniobra o acción que permita evitar un siniestro.
Distancia de seguridad o seguimiento
La circulación, conforme la exigencia legal debe realizarse manteniendo una distancia de 2 (dos) segundos con el vehículo que le precede. En el caso de los vehículos M3, esta distancia debe ser de 100 metros en carretera.
Uso de velocidad precautoria
La Ley Nacional de Tránsito en su Art. 50 exige circular a velocidad precautoria, indicando que “El conductor debe circular siempre a una velocidad tal que, teniendo en cuenta su salud, el estado del vehículo y su carga, la visibilidad existente, las condiciones de la vía y el tiempo y densidad del tránsito, tenga siempre el total dominio de su vehículo y no entorpezca la circulación. De no ser así deberá abandonar la vía o detener la marcha”.
A fin de lograr lo mencionado, el conductor deberá:
Asegurar el correcto estado de sí mismo y del vehículo con el que circula. La Ley Nacional de Tránsito, en el punto a) del Art. 39 exige: “El conductor debe, antes de ingresar a la vía pública, verificar que tanto él como su vehículo se encuentren en adecuadas condiciones de seguridad, de acuerdo con los requisitos legales, bajo su responsabilidad. …”. La seguridad del vehículo exigida se detalla en los Art. 29 y 30 de la Ley Nacional de Tránsito.
Evitar distracciones. El cerebro de un ser humano es monotarea, por lo tanto puede atender a una actividad por vez. Esto hace que mientras se encuentre al mando del vehículo deberá evitar cualquier otra actividad (uso de celulares, comer, beber, tomar mate, fumar, etc.). Es relevante en este punto recordar que la legislación exige conducción bimanual, por lo tanto las 2 manos deberán estar permanentemente en el volante. En caso que necesite hacer algo diferente a conducir deberá antes detener la marcha en lugar permitido y seguro.
No consumir drogas, alcohol o medicamentos que disminuyan su capacidad conductiva. Esto se encuentra especificado en el Art. 48 de la Ley Nacional de Tránsito.
Estar descansado al momento de comenzar su tarea y tomar descansos de mínimo 20’ cada 2 horas de conducción.
No presentar impedimentos físicos o psíquicos. Hacerlo está prohibido en el Art. 48 de la Ley Nacional de Tránsito.
2.Factores físicos y mecánicos críticos en la conducción de unidades M3
El manejo de un ómnibus presenta desafíos físicos singulares que el titular de la Clase D3 debe lograr entender correctamente, a fin de poder tomar las decisiones adecuadas, permitiéndole dominar operativamente el vehículo y de esta forma propender a una mayor seguridad.
Entre aquello a tener en cuenta a fin de lograr un control absoluto del vehículo, tal cual exige la Ley Nacional de Tránsito, podemos citar:
Puntos ciegos.
Cuanto mayor es el tamaño del vehículo, menor capacidad de visión del entorno tendrá el conductor. Un ómnibus posee amplios ángulos de visión nula debido a sus parantes delanteros (montantes), el volumen de la carrocería y la longitud lateral. Si bien será imposible ver el entorno en forma completa, el uso permanente, metódico y combinado de los espejos retrovisores principales, convexos y de aproximación (espejo de bajada) es obligatorio para neutralizar estos espacios y evitar embestir particularmente a peatones o ciclistas.
Maniobras.
El desplazamiento del eje trasero y el barrido de la culata del ómnibus exige al conductor que, antes de doblar, realice una apertura previa hacia el lado opuesto del giro. Esto implica calcular correctamente la trayectoria en arco que describe la parte posterior del vehículo hacia el sentido contrario del giro, permitiendo evitar chocar con cordones, transitar sobre la acera, golpear cartelería, vehículos detenidos, personas o elementos que se encuentren sobre la acera.
Vulnerabilidad del entorno.
El conductor debe comprender que el resguardo de vehículos y personas es prioritario, siendo mayor esta exigencia cuanto más débil sea respecto del ómnibus (peatones, ciclistas, motociclistas, automovilistas, etc.). Al tener reducida la visibilidad directa en los espacios laterales inmediatos, deberá extremar precaución tanto en la aproximación, detención y salida de las paradas de colectivos.
Condiciones de suelo.
La inercia y la adherencia son, quizás, las principales características a tener en cuenta en la circulación, volviéndose mucho más importante en el frenado y detención. Esto genera una necesidad de máxima atención por parte del conductor y un estado adecuado de los sistemas de seguridad activos del vehículo (frenos, cubiertas tanto en su estado como presión, suspensión, rodamientos, etc.). El coeficiente de adherencia difiere conforme el tipo de suelo.
A fin de lograr una conducción segura, el conductor deberá circular a una velocidad adecuada; en su Art. 50, la Ley Nacional de Tránsito exige conducir a velocidad precautoria, por lo que esta deberá disminuir en tanto sea menor la adherencia existente. A modo de ejemplo, el asfalto y concreto poseen un coeficiente de adherencia del 85%, mientras que en el adoquinado tiende a ser menor al 40%; el objetivo siempre debe ser lograr desplazarse, maniobrar y detenerse suavemente sin brusquedad, logrando generar seguridad en la vía, y cuidado de los pasajeros.
Condiciones meteorológicas.
Si bien el conducir en condiciones de clima ideales (buena visibilidad, adecuada adherencia, sin baches ni rajaduras en la vía, etc.), genera un alto riesgo, al cambiar las condiciones meteorológicas el riesgo se incrementa exponencialmente.
La lluvia, la niebla o cualquier situación que moje la calzada genera una capa de agua sobre la superficie, que generará una disminución drástica de adherencia (en asfalto no supera el 50%). Esto genera que tanto la presión de las cubiertas, como la velocidad de tránsito sean adecuadas. Si la velocidad fuese mayor a la adecuada, los canales de dispersión de agua (el dibujo), del neumático no lograrán despejar el agua del piso, impidiendo controlar el vehículo (frenos y dirección).
Ante vientos laterales intensos se requiere modificar la táctica operativa. Los ómnibus poseen grandes superficies vidriadas y laterales que actúan como "efecto vela" frente a ráfagas cruzadas en rutas abiertas, desestabilizando la trayectoria y exigiendo correcciones firmes pero suaves en el volante, además de una reducción drástica de la velocidad.
Síntesis conceptual
La conducción segura de un vehículo de transporte de pasajeros de más de veinte plazas exige un dominio absoluto de la dinámica vehicular y una actitud defensiva constante. Gestionar los puntos ciegos, calcular los radios de giro y el desplazamiento de la culata, y adaptar la velocidad a las condiciones climáticas adversas y a la física de la unidad son competencias profesionales indispensables para prevenir siniestros, resguardar a los usuarios vulnerables y garantizar la seguridad integral del servicio.
