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Eje transversal

VII. Desarrollo de los contenidos

A fin de desarrollar los contenidos que propone la legislación para los cursos ya indicados, es importante resaltar los conceptos de vía pública, licencia y conductor profesional.

1.Vía pública

La vía pública es el espacio público destinado a la circulación, por cuanto es el sitio de uso público (para todo el mundo), donde, sin permiso específico, se debe transitar.  En primera instancia, entonces, debiéramos comprender que en la vía pública está prohibido:

Estacionar.

Detenerse.

Lavar vehículos.

Acondicionar (arreglar) vehículos.

Vender productos en la acera.

Colocar mesas y sillas para consumo.

Instalar piletas de lona para refrescarse en verano.

La lista podría continuar, pero basta con indicar que si no está en movimiento no debiera estar en la vía pública.

La calzada es el lugar previsto para circulación de vehículos.

La acera es el lugar destinado al tránsito peatonal.

Estos últimos dos conceptos permiten comprender que no es correcto circular con un vehículo por la acera, ni caminar por la calzada.

Existen excepciones, que tanto como lo obligatorio a realizar se halla definido en la normativa específica. Entre las excepciones podemos hallar árboles, contenedores de residuos, semáforos, postes de servicio eléctrico o de comunicaciones, postes de parada de colectivos, espacios para el ascenso y descenso de pasajeros, carga y descarga, estacionamiento y algunos otros. Las excepciones se presentan a fin de brindar beneficios a la sociedad.

Lo indicado nos permite comprender que en la vía pública podemos hallar:

Peatones

Vehículos

Conductores

Infraestructura

Situaciones para la circulación (clima, suelo)

En el desarrollo del presente material se irán profundizando estos ítems.

2.Licencia

Es de conocimiento popular que la licencia de conducir es llamada “registro”. Quizás este apodo que recibe no permite ver su verdadera importancia.

Licencia y registro no debieran ser utilizados como sinónimos. Un registro puede ser una anotación, un rango vocal, una cota, un tipo de rosca, entre otras acepciones, mientras que una licencia es un permiso, una habilitación, una concesión, entre otras acepciones.

Es importante entonces recordar algunas características propias de una licencia:

Si es necesario pedir permiso, no existe derecho.

Debe ser solicitado y cualquiera tiene el derecho de solicitarlo.

Sólo puede ser aprobado por quien detente autoridad legal para hacerlo.

El solicitante deberá cumplir con los requisitos explícitamente indicados a satisfacción de su evaluador.

El solicitante debe demostrar conocimiento absoluto respecto del significado que tiene aquello que solicita, las normas que rigen la actividad que pretende realizar y los elementos o herramientas que necesitara utilizar, en cuanto a su funcionamiento y uso.

Puede hacerse uso del permiso desde su fecha de autorización, hasta su fecha de vencimiento, luego de la cual queda absolutamente imposibilitado de continuar con la actividad.

3.Conductor Profesional:

Estableciendo que el conductor es quien se halla al mando del vehículo, es importante destacar aquello que define a un conductor como profesional respecto del resto de conductores de la vía pública.

En cuanto a la definición tenemos que adentrarnos en las palabras que componen la jerarquía de conductor profesional.  Se define al conductor como aquella persona que se encuentra al comando del vehículo que circula por la vía pública, mientras que profesional refiere a un experto autónomo; por lo tanto, el conductor profesional es un experto en la circulación por la vía pública dentro del tránsito terrestre carretero. Ahondando en este concepto, comprendemos que debe ser experto en la herramienta que utiliza (vehículo), las normas que rigen la circulación por la vía pública, las condiciones que permiten la circulación, la carga que transporta, las respuestas a brindar ante situaciones complejas y toda situación o particularidad que permita o no la circulación. Es dable recordar que al ser experto, su responsabilidad es mucho mayor que la de un conductor “no profesional”, y debiera conducir velando por el cuidado de su persona, su vehículo, todo lo que le rodea, y la carga que transporte. Normativamente se define conductor profesional a aquella persona que detenta clase de conducir C, D ó E.

Dado lo expuesto y teniendo en cuenta que las capacitaciones indicadas en el presente trabajo se relacionan con el transporte público de pasajeros, y que el conductor habilitado al efecto es aquel que detente la Clase D3, sería importante adentrarnos en este específico tipo de conductor.

Teniendo en cuenta lo indicado precedentemente, el conductor de transporte de pasajeros (Clase D3) no es un mero operador técnico del vehículo; es, ante todo, un agente social estratégico fundamental en la configuración y cuidado del espacio público. Su rol trasciende el simple traslado de personas, la conducción profesional se entiende como un compromiso ético ineludible con la protección de la vida. Es un profesional, y una profesión no es un trabajo, es una forma de vida dentro de una comunidad.

Se destaca, entonces que el conductor que posee licencia profesional (en este caso nos abocamos a la clase D3), es un actor central en la estructura social de la movilidad. Su función está legalmente definida por una responsabilidad que excede significativamente la del resto de los usuarios. Al operar unidades de alta complejidad, se convierte en un agente de cambio capaz de modelar comportamientos y garantizar la paz social en la vía.

La seguridad vial en el transporte de pasajeros no es producto del azar, sino una construcción colectiva que nace de la convicción individual. El conductor profesional, al reconocer la dimensión social y legal de su labor, se posiciona como el pilar fundamental para garantizar el bienestar y la preservación de la vida.

La ética profesional es la brújula que guía al conductor en situaciones de alta presión operativa, donde no hay una supervisión directa. Es aquí donde el nivel "HACE" de la Pirámide de Miller cobra vida como la máxima expresión de la aptitud.

A fin de lograr desentrañar lo indicado veamos un caso de dilema puntual:

Situación: El conductor se encuentra retrasado respecto del horario establecido. Al detenerse en la última parada, nota que va a ascender una persona en silla de ruedas.

Resolución Ética: El conductor prioriza el derecho de movilidad y la solidaridad ciudadana por sobre la presión administrativa del horario. Asiste al pasajero con la rampa y sujeción de uso obligatorio, honrando de esta forma, además de su obligación “laboral”, su condición de profesional y el compromiso que ha asumido para con la sociedad desde su rol.

Algunos criterios de evaluación y desempeño observables:

Criterio de EvaluaciónDesempeño observable
Responsabilidad TécnicaRealiza el control previo de luces, frenos, neumáticos y salidas de emergencia antes de permitir el ascenso de pasajeros.
Dominio EmocionalAnte una maniobra imprudente de otro vehículo, el conductor mantiene la trayectoria y no responde con agresividad.
Empatía y SolidaridadDetiene la unidad en el punto más seguro y accesible para pasajeros con movilidad reducida, aunque esto requiera una maniobra adicional.
Integridad PsicofísicaReporta de manera responsable la fatiga o indisposición antes de iniciar un turno, priorizando la seguridad del pasaje.

Se destaca que el “hacer” se fundamenta en la relación de confianza que la sociedad deposita en el conductor. Al ser profesional su desarrollo se basa en el cuidado de todo, teniendo la vida como premisa absoluta, incluso si nadie lo estuviera observando.

La formación profesional debe superar la perspectiva restrictiva que identifica las competencias únicamente con saberes instrumentales. La excelencia surge de una evaluación por competencias integrales, donde el "saber hacer" está indisolublemente ligado al "pensar, reflexionar y tomar decisiones". No se busca que el conductor actúe de forma mecánica, sino que movilice percepciones, valores y juicios críticos para abordar los desafíos del tránsito.

Esta transición del modelo instrumental a uno integral eleva el estándar de seguridad de manera sustancial: la competencia profesional incluye ahora la comunicación, la gestión emocional y la resolución de dilemas éticos. Esta visión es la respuesta necesaria ante la problemática sociocultural del tránsito actual, donde la profesionalización es la herramienta clave para transformar la hostilidad de la vía pública en un espacio de convivencia armónica.

Teniendo en cuenta el saber hacer, es dable rescatar lo indicado normativamente, respecto a cumplir con las indicaciones de la autoridad de comprobación, las señales de tránsito y la norma legal, en ese orden de prioridad (prioridad normativa).

4.Decálogo de Buenas Prácticas

Existe un decálogo de Buenas Prácticas donde se indican conceptos a cumplir a fin de un profesional desarrollo de la actividad:

1.

Protección de la vulnerabilidad: Respetar de forma absoluta la prioridad peatonal, reconociendo al peatón como el eslabón más débil.

2.

Aptitud psicofísica: Asumir la responsabilidad del propio estado (descanso adecuado y tolerancia cero al consumo de sustancias) como requisito ético previo a tomar el volante.

3.

Garantía de movilidad: Brindar el tiempo y la asistencia necesaria para asegurar el derecho a la movilidad de personas con discapacidad o adultos mayores.

4.

Conducción suave: Mantener un manejo previsible y fluido, garantizando la estabilidad y el confort de los pasajeros.

5.

Comunicación asertiva: Interactuar con usuarios y colegas mediante el respeto y la empatía, incluso ante provocaciones.

6.

Atención plena: Cumplir estrictamente la prohibición de uso de telefonía móvil, auriculares o tabaco durante el servicio.

7.

Facilitación de emergencias: Ante la presencia de vehículos D4 (ambulancias, bomberos o policía) con balizas y sirenas, tomar las medidas necesarias para facilitar su avance sin comprometer la seguridad de la unidad propia.

8.

Responsabilidad documental: Verificar la vigencia de la licencia profesional, la cédula, el seguro y la Revisión Técnica Obligatoria (RTO).

9.

Dominio emocional: Mantener la calma en entornos congestionados, evitando que el estrés derive en maniobras de riesgo. Al controlar las emociones se logra reducir la siniestralidad, sobre todo en entornos urbanos, siempre complejos, transformando la reactividad en una respuesta segura, por lo tanto, absolutamente profesional.

10.

Referente ciudadano: Actuar con la conciencia de que su comportamiento "modela" la conducta de los demás actores viales.

A fin de ahondar en los contenidos de los cursos a aprobar por el requirente de Licencia Nacional de Conducir profesional Clase D3, destacados anteriormente, es importante señalar sus particularidades:

5.Cultura vial: una problemática sociocultural.

El tránsito no debe ser interpretado meramente como un flujo mecánico de vehículos y personas sobre una calzada, sino como un sistema complejo de interacciones humanas y prácticas sociales aprendidas que configuran el espacio público. En la capacitación inicial para la licencia Clase D3, resulta estratégico desplazar el enfoque de la simple “operación técnica” de la unidad hacia una “responsabilidad sociocultural” profunda.

La seguridad vial no es un producto derivado únicamente de la infraestructura o el estado del vehículo; es, ante todo, el resultado de los comportamientos y valores que el conductor profesional despliega. Entender el tránsito como un hecho social implica reconocer que las decisiones individuales tienen un impacto colectivo inmediato, transformando al conductor en un gestor activo del riesgo y no en un simple operador de maquinaria.

La cultura vial se define como el conjunto de hábitos, valores y actitudes que una sociedad desarrolla en el uso de la vía pública, reflejando el nivel de respeto y empatía de una comunidad. En el contexto argentino, es vital identificar las "prácticas naturalizadas" que erosionan la seguridad. Estas conductas son peligrosas porque se han vuelto invisibles para quienes las ejecutan, integrándose en la cotidianeidad del transporte bajo una falsa percepción de normalidad.

Es clave comprender que el accidente de tránsito no tiene relación con el concepto de accidente. Un accidente de tránsito es un siniestro vial, un incidente. Esta sola aclaración permite comprender que estamos frente a un hecho causal y no casual, existiendo causas (siempre más de una) en el hecho acaecido. Mientras que accidente es un hecho fortuito, inevitable y ajeno a la voluntad, el accidente de tránsito (incidente) se produce ante situaciones previsibles, por ende, son situaciones que podrían haberse previsto y, por lo tanto, evitado. Esta distinción lingüística es la piedra angular para construir una mentalidad de prevención activa, ya que elimina la noción de fatalismo y sitúa la responsabilidad en el centro de la práctica profesional.

Al tratar un incidente como accidente se logra pasividad y fatalismo “mirá lo que pasó”, sugiriendo la ausencia de responsable y aceptando que no existió alguna decisión previa que influyera en el resultado (mala suerte). Por otra parte, elimina la capacidad de aprendizaje, dado que, si fue el azar, no hubo nada que pudiera hacer o que podría hacer en el futuro para evitar su ocurrencia, determinando la imposibilidad de actuar en forma preventiva.

Cambiar la mirada de accidente a incidente permite detectar, visibilizar y analizar las causas concretas y las conductas humanas involucradas; identificar factores contribuyentes y promover la búsqueda de soluciones proactivas, fomentando una actitud profesional al reconocer que el lenguaje construye realidad y modifica la conducta de colegas y pasajeros.

Este cambio en el lenguaje es el primer paso indispensable para la formación de nuevos hábitos que den forma a una cultura vial sólida y responsable.

Asimismo, muchos conductores profesionales repiten conductas de riesgo debido a que la práctica errónea no siempre desencadena un desenlace fatal inmediato. Esto se encuentra enmarcado en la teoría homeostática del riesgo, generando un "refuerzo negativo"; al no ocurrir el incidente, el conductor termina por auto convencerse de lo correcto de su accionar, dado que entiende que la maniobra es segura, fortaleciendo una "fantasía de invulnerabilidad". Esta desconexión entre el riesgo real y la percepción subjetiva es el mayor obstáculo para la seguridad colectiva, instalando la idea de que "siempre lo hice así y nunca pasó nada" hasta que el siniestro ocurre; y en caso de ocurrencia la “culpa” automáticamente es derivada a un tercero o un hecho imposible de haber evitado.

Se exponen, a continuación, algunos ejemplos de las sensaciones y su influencia en las decisiones del conductor:

Práctica NaturalizadaConsecuencia en Seguridad Vial
Acelerar para "ganar" el semáforo o recuperar tiempo.Incremento crítico de la energía cinética y reducción del margen de maniobra ante imprevistos.
Detenerse fuera de la parada autorizada para "hacer un favor".Alteración del flujo vehicular y exposición de pasajeros a zonas de riesgo de atropello.
Uso del celular (chatear o hablar en altavoz) al conducir.Distracción cognitiva severa; recorrer casi 35 metros "a ciegas" en solo 3 segundos (a 40 km/h).
No usar el cinturón en trayectos urbanos por "comodidad".Anulación de la principal medida de protección pasiva ante colisiones o frenadas bruscas.
Minimizar el cansancio ("yo ya estoy acostumbrado").Aumento del tiempo de reacción y aparición de microsueños fatales de fracciones de segundo.

Un profesional jamás utiliza la excusa ante un incidente, desarrolla su actividad a través de un proceso de gestión de riesgo consciente.

Desarrollar una cultura profesional, basada en la reflexión, es el paso necesario para lograr una convivencia sana y segura en la vía pública.

6.Pirámide de George Miller

Para asegurar un nivel de calidad de los aprendizajes de los conductores mediante la reflexión, toma de consciencia y autoevaluación, el formador cuenta con el marco pedagógico-didáctico de la Pirámide de George Miller (1990):

1

Sabe (Conocimiento): El fundamento teórico.

El conductor domina la teoría, la Ley Nacional de Tránsito 24.449 y la normativa específica del servicio.

2

Sabe cómo (Aplicación): La capacidad de relacionar la norma con la situación.

Capacidad de interpretar el sentido de la norma para aplicarla eficazmente en situaciones cotidianas.

3

Demuestra cómo (Habilidad): Pruebas en pista o simulador.

Mediante simuladores o pruebas en pista, el conductor evidencia sus destrezas en un entorno controlado antes de la práctica real.

4

Hace (Acción): El desempeño real y cotidiano.

La máxima evidencia de aptitud, aplicada de forma autónoma y ética en el desempeño diario. A modo de ejemplo:

Respeto por las paradas establecidas: El conductor sostiene la norma frente a la presión de los usuarios que solicitan descender en lugares prohibidos, priorizando la seguridad del pasajero y la fluidez del tránsito.

Gestión del tiempo: Ante retrasos por congestión, el profesional decide no comprometer la seguridad (evitando maniobras bruscas o excesos de velocidad), entendiendo que la vida es un valor jerárquicamente superior al cumplimiento de un horario.

Comprender el sentido y valor de la norma transforma la actitud del conductor. La regla deja de ser una imposición externa para convertirse en una convicción personal que garantiza la propia seguridad y la de terceros.

7.Convivencia vial. Ciudadanía y espacio público.

La vía pública no es un territorio neutro, sino un bien común que requiere atender a la dimensión ética. El respeto mutuo en el tránsito no es un acto de cortesía opcional, sino un requisito de la ciudadanía democrática y la gestión profesional del riesgo. En este entorno, las decisiones nunca son individuales; su impacto es inherentemente social, afectando la integridad de quienes comparten la vía.

El espacio público es el escenario de interacción ciudadana por excelencia. La convivencia vial implica el reconocimiento del otro y la protección de los derechos de los grupos más vulnerables (niños, adultos mayores y personas con movilidad reducida).

A partir de lo expresado surge la Jerarquía de Responsabilidad. Un conductor de Clase D3 posee una carga ética y legal superior a la de cualquier conductor particular. Esta asimetría se fundamenta en la física, un autobús de más de 20 plazas posee una masa y energía de impacto muy superiores, otorgándole una potencialidad de daño catastrófico. Como profesionales, la inobservancia de las normas será juzgada bajo tres conceptos legales críticos: la Impericia (falta de pericia o habilidad), la Imprudencia (actuar con exceso de confianza o ligereza) y la Negligencia (omisión del cuidado debido). El carácter profesional actúa como un agravante, pudiendo desplazar la carátula legal de "Culpa" hacia el "Dolo Eventual" ante conductas de riesgo manifiestas, pudiendo además llegar a ser determinado como “Dolo”, destacando la intención de dañar.

Nos preguntamos ¿heteronomía o autonomía?

Heteronomía (Obediencia por control): Se manifiesta cuando el conductor cumple la norma únicamente para evitar la sanción o la multa (ej. frenar solo ante la presencia de un radar). Aquí, la autonomía del sujeto se anula frente al miedo al castigo externo, sin comprender el sentido protector de la regla.

Autonomía (Cumplimiento por convicción): Es el nivel superior de profesionalismo. El conductor internaliza el sentido de la ley y la cumple por el cuidado del "patrimonio de vidas" que transporta y protege. Es el respeto a la norma por convicción ética, incluso cuando no existe fiscalización inmediata.

Para un conductor con Clase D3, la autonomía no es sólo una actitud ética, sino el sello distintivo que separa a un mero operador de un verdadero profesional de la movilidad. Esta jerarquía se traduce en la protección específica de los actores más vulnerables.

Como se ha señalado la convivencia vial exige una jerarquía de responsabilidad directamente proporcional al riesgo y porte del vehículo, por lo que quien conduce una unidad de gran porte (autobús) tiene la mayor carga ética de proteger a los más débiles, entre ellos:

1.

Peatones, destacándose en ellos:

Vulnerabilidad física: Son los usuarios más frágiles porque carecen de protección; ante un impacto, su cuerpo recibe directamente la energía cinética

Prioridad Legal: Los conductores deben ceder siempre el paso a los peatones que cruzan lícitamente por la senda peatonal o zonas señalizadas, deteniendo el vehículo si es necesario para no ponerlos en peligro

Consecuencias: Un impacto incluso a bajas velocidades (30 km/h) puede causar lesiones graves o la muerte a un peatón

2.

Niños, Adolescentes y Jóvenes, donde es importante destacar:

Primera causa de muerte: Los siniestros viales representan la principal causa de fallecimiento en jóvenes en Argentina

Factores de Riesgo: Este grupo presenta una alta exposición a la movilidad, uso intensivo de motocicletas y conductas de riesgo asociadas a la edad, como la subestimación del peligro y la sobreconfianza

Entornos Escolares: Es obligatorio reducir la velocidad a un máximo de 20 km/h en la proximidad de establecimientos educativos

3.

Usuarios de Rodados Pequeños (Bicicletas y Motos)

Su vulnerabilidad radica en su menor masa y estabilidad, además de su baja visibilidad para los conductores de vehículos grandes, especialmente cuando se encuentran en los puntos ciegos que genera la estructura del vehículo.

Asimismo, se destaca que históricamente, el sector del transporte profesional ha sido un espacio fuertemente masculinizado, consolidando barreras culturales y comportamientos que a veces marginan o violentan a mujeres y diversidades. Es importante romper estos esquemas, promoviendo un espacio público equitativo donde el acoso y la desigualdad en la movilidad sean erradicados.

El conductor debe, tanto por exigencia normativa como por ética ciudadana, mantener condiciones óptimas para garantizar la seguridad de los vulnerables, por lo tanto, es importante destacar que:

Drogas: impiden una correcta atención, merma en la reacción e incapacidad de comprender la realidad. El alcohol, en particular, deteriora la atención, la visión nocturna y aumenta el tiempo de reacción

Distracciones: Usar el celular distrae la atención durante unos 3 segundos, lo que a 40 km/h equivale a recorrer 35 metros a ciegas, generando el riesgo de sufrir un siniestro vial. Desviar la atención al móvil incrementa el tiempo de reacción humana de forma drástica, pasando de un reflejo normal a demorar hasta dos segundos adicionales en frenar o esquivar un obstáculo imprevisto.

Fatiga: Es un "enemigo silencioso" que produce microsueños y pérdida de control; se recomienda realizar pausas cada 2 horas para recuperar el funcionamiento de músculos y tendones mediante caminata y estiramientos, cubrir la necesidad de alimentación, hidratación y descomprimir la mente en cuanto a la tensión que produce la conducción.